Buena Fe

domingo, 5 de febrero de 2012

Entrevista a X Alfonso




Tomado de Cubasi
Por Mayra García Cardentey

"La ciudad que mira al cielo, mira al mar, al infinito, preguntándose por dentro cuál será nuestro destino", así canta en su tema Cambiará X Alfonso, ese moreno medio hippie, medio rapero y mucho de rockero, que ha salido "guitarra al hombro" por toda la Isla a pulsar el sentido de pertenencia de la juventud cubana con el destino de su país.

En un intercambio de 15 conciertos en varias provincias, X y su grupo promocionaron su última producción discográfica Reverse y sirvieron de receptáculo humano para las inquietudes de las nuevas generaciones. Nos extendió la mano, "ofreció su alma", dijo que "quiere ser nuestro amigo" y que esta tierra es nuestra.

-¿Reverse?

-Es una actitud, deja de ser un disco, un video, para convertirse en una forma de vida, es volverse a ver, a empezar, a mirarnos como lo que somos. Y sobre todo en estos tiempos de Cuba, es lo que le hace falta a la Revolución.

-¿Reverse es X o la sociedad a través de X?

-Soy un espejo de la sociedad, una voz más de lo que la gente dice y siente, y tengo esa posibilidad a través de mi música de llegar más allá, que me escuchen más personas, pero sigo siendo un espejo.

-En sus presentaciones ha regalado el DVD... ¿es esta una provocación a las tradicionales y cuestionables formas de comercialización de las disqueras cubanas?

-Me interesa mucho que la gente tenga mi música, casi nadie tiene un disco mío de fábrica. No queremos que eso pase más, trabajamos para que lleguen los mensajes. Las disqueras van a seguir igual. Harán mil copias a 20 CUC, no cambiará eso. Lo que puede variar es la actitud de los artistas frente al pueblo. Sería bueno que más músicos se acerquen un poco y den estas posibilidades a los que les escuchan.

-Pero el regalar discos también puede verse como una forma de promoción y generar ganancias, crear más público que asista a los conciertos y al final recuperar la inversión, ¿no?

-Depende, no todos los conciertos que hacemos los cobramos. Nada paga que la gente cante tus canciones..., entienda tus canciones.

-¿Cómo hacen entonces los músicos para autofinanciarse, en medio de la estructuración que sufre el sector de la Cultura, si no cobrasen discos ni conciertos?

-No digo que no se cobre, pero me molesta mucho la importancia que los artistas le hemos dado al dinero. En mis inicios, cuando tenía un grupo, lo vital era tocar, no ganar miles de pesos. Ahora mismo conozco muchas agrupaciones que si no les hablas de honorarios, son incapaces de actuar. No responsabilizo a nadie por eso, ni siquiera a la sociedad, cada cual decide qué camino quiere coger. Hay que reconocer que son tiempos más difíciles. Me imagino que en algún momento eso se rebase y se den cuenta de que el dinero no es lo primordial.

-Como creador, ¿qué más se pudiera hacer para insertar en el mercado la música alternativa?

-Eso se sale de mis manos. Hago con mi música y mis videos lo que quiero. Tengo esa posibilidad, pero requiere de muchas cosas. No entro en ningún tipo de mercado, ni Cubadisco ni otro medio de comercialización lógica; no me interesa entrar, prefiero que la gente tenga mi música a que una disquera la distribuya. Quiero que lo que hago aporte, que las canciones sean inteligentes. Una música no inteligente es como el Chupi chupi. No es solo la parte melódica, sino que el texto contribuya a la vida. Son tiempos de muchos cambios, procesos nuevos que no hemos vivido como para que te estén diciendo ‘mami, mueve la batea'. Me fastidia, hasta cierto punto, esos temas te hacen no pensar en la vida real, te convidan a la enajenación.

-Pero el reguetón también responde a los intereses y modo de vida de una parte de la población... ¿Está en contra de este tipo de música?

-No estoy en contra de nadie, todos tienen sus gustos, pero si se le ha dado tanta promoción en los medios, es para que lo aprovecharan y brindaran productos más acabados, que no los conciban solo como un logro individual, de ‘que estoy pegao', ‘soy la máquina de no sé qué'. Ya que hay tanta gente que los escucha, podrían hacer que sus temas sirvan para reflexionar.

-Este es su último concierto del periplo, y durante esta gira usted quería intercambiar con jóvenes, saber hacia dónde iba la juventud cubana. ¿Cuál ha sido la respuesta?

-Es una impresión reconfortante ver los jóvenes que nos hemos cruzado, están claros de lo que quieren, de los planes que tienen, de la música que escuchan y de su actitud ante la vida. La juventud no está perdida, está bastante clara. En muchos lugares han dicho lo que han tenido que decir, sin temor a las consecuencias, esas ‘consecuencias' ya son tontas, lo que hablan es para mejorar e ir para adelante. Eso es lo más importante ahora.

-Sus canciones manejan temas polémicos de la sociedad cubana, como la emigración, la burocracia, la corrupción, la doble moral, ¿no teme la censura?

-Se ha puesto mucho mi música. A veces hay sus encontronazos, pero son gajes del oficio. Como ahora el disco lo tiene todo el mundo, da igual si lo ponen en los medios o no. Tampoco estoy en contra de estar en ellos. Quiero dejar claro que lo que hago no es ningún tipo de canción censurada o prohibida, no digo algo que esté en contra de nada. Al revés, todo lo que hablo es positivo, miro los errores que tuvimos y los que hay que arreglar. Lo más lógico es que sea yo quien hable de eso, soy un producto de la Revolución, en ella me crié y gracias a ella soy lo que soy. No voy de contestatario hablando cuatro boberías.

-"Tengo fe que todo cambiará", canta en uno de sus temas más promocionados de Reverse...

-Sí, tengo fe. Pero la canción dice cambiará con acento en la a, porque sí va a cambiar. No voy a esperar que cambie, haré todo lo que pueda porque cambie, para bien, claro. No es una pregunta, es una actitud.

-La Revolución es ahora... así culmina su concierto, ¿qué papel le corresponde a los jóvenes en la hora actual del país?

-Si las cosas van a cambiar, depende de nosotros mismos, no se harán solas. Hoy hay mucho que perfeccionar. Somos responsables en ver este país como nuestro, somos los que tenemos que cambiarlo, y ni siquiera para nosotros mismos, sino por nuestros hijos, para que tengan un país mejor, con una luz futura. Y cuando digo esto, no es solo por Cuba, es por el mundo también.

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